La familia juega un rol esencial en la recuperación de las personas adictas

Cuando hablamos de adicción, generalmente pensamos en la persona que consume, y pocas veces recapacitamos en las familias de esa persona. Sin embargo, la adicción es una enfermedad que afecta a toda la unidad familiar, y de hecho acaban estando tan implicados en el proceso adictivo como el mismo consumidor.

En Clínica Alas de Libertad brindamos atención integral y personalizada.

Desde nuestro abordaje terapéutico, entendemos que la familia es un sistema unitario y que cuando hay un miembro que se enferma en esa familia, todos sus miembros se vuelcan hacia él, cambiando sus propios hábitos y costumbres y viviendo alrededor de las necesidades de la persona consumidora; este acomodo se convierte en un factor crucial en la permanencia y mantenimiento de la conducta adictiva. En este sentido, el abordaje familiar debe estar presente desde el primer momento del cualquier tratamiento para lograr tener éxito en la recuperación y la sostenibilidad de la abstinencia.

 

Un aspecto a destacar, relacionado con la perspectiva de género, es que generalmente hombres y mujeres establecen roles distintos dentro de la dinámica de la familia adicta. Mientras las mujeres tienden a mostrar más preocupación y a establecer el rol de salvadora y salir al rescate, los hombres establecen el rol de perseguidor y de confrontación, propiciando un clima de persecución y secretismo que solo favorece y fortalecen la conducta adictiva.

 

Los miembros de la familia adoptan, rápidamente como mecanismo de defensa, la negación; los hechos y la realidad suele ser tan doloroso que a menudo son los familiares quienes niegan el problema, más que el propio adicto, e incluso cuando el adicto reconoce su adicción, podríamos encontrarnos la negación de la familiar, que pueda llegar hasta boicotear el proceso de tratamiento. ¿Porque sucede esto?  reconocer la adicción en casa puede albergar sentimientos como la culpa y el miedo, muchas veces también la vergüenza, ligados a un profundo sentimiento de fracaso.

 

Muchas familias minimizan, racionalizan y niegan el problema de la adicción y sus consecuencias, elaborando respuestas que les permite evadir el momento de tomar medidas y tomar decisiones, que lógicamente podría implicar tener que vivir el dolor de ver a su ser querido internado en un centro especializado.

 

Algunas veces creer que, si se toma el control del suministro de drogas o de consumo y hacer tratos con la persona adicta, utilizando “ultimátum”, amenazas inútiles, que no se llegan a cumplir nunca, va a lograr que la persona deje de consumir, cuando en realidad lo único que se logra es reforzar la conducta adictiva y posponer la recuperación.

 

La familia con frecuencia se convierte en el protector de la persona adicta y trata con todas sus fuerzas de evitarle que pase por las consecuencias negativas de la adicción, dando excusas, encubriéndolo o resolviendo los problemas derivados de su consumo; algunas veces hasta pagando deudas por la compra de sustancias.

 

¿Cómo puede una familia apoyar y contribuir con la recuperación?

 

La mejor estrategia, es lograr que todas las personas implicadas en la unidad familiar, hablen claramente con la persona adicta, de forma transparente, sincera, comprensible pero firme con relación al asunto de la adicción y de la preocupación que eso genera en toda la familia, evitando utilizar la culpa y los reproches. Aprovechar el espacio para establecer unos mínimos para la convivencia y poner límites claros y específicos, que se puedan cumplir, ya que fracasar en el cumplimiento de las consecuencias de la ruptura de esos límites, solamente favorecerían la conducta adictiva, por eso los limites deben ser razonables y ajustados. Hay que demostrar preocupación por la situación, evitando la confrontación y la ira, ya que esto  puede provocar en esos momentos más tensión y conflictos.

 

Algo que se hace imprescindible y necesario, es que todos los familiares implicados en el proceso, actúen en una misma dirección, de forma consensuada, evitando así triangulaciones y dúos; evitando que la persona adicta se alíe con el mas débil y puede llegar a aprovecharse del más flexible y criticar al más estricto y por ahí aumentar más la conflictividad familiar y la dependencia.

 

Para concluir me gustaría decir que la recuperación es posible y que el papel de la familia es fundamental en el tratamiento de las adicciones.

Doctora: Patricia Medina Gómez.