Las vacaciones de medio año para los estudiantes del país representan mucho más que una pausa en el calendario escolar 2026. Para especialistas en protección de la niñez, este período ofrece una oportunidad para que madres, padres y personas cuidadoras observen con mayor detenimiento cambios en el comportamiento de niños, niñas y adolescentes que, debido a las exigencias de la rutina diaria, podrían haber pasado desapercibidos durante el primer semestre lectivo.
De acuerdo con Dulce Ramírez Jiménez, coordinadora del Programa Especializado SOS Niñez de Aldeas Infantiles SOS, durante el tiempo de vacaciones aumenta el tiempo de convivio entre los padres de familia y sus hijos e hijas, por lo que es posible identificar señales relacionadas con afectaciones emocionales, situaciones de violencia, aislamiento, uso excesivo de dispositivos electrónicos o cambios en hábitos cotidianos, factores que pueden convertirse en indicadores tempranos de situaciones de vulnerabilidad.
“Las vacaciones no solamente representan un descanso académico. También pueden convertirse en un espacio de observación, escucha y fortalecimiento del vínculo familiar. Compartir más tiempo con los niños, niñas y adolescentes permite conocer cómo se encuentran realmente, así como detectar cambios que durante el ritmo habitual del año pueden pasar desapercibidos", explicó Ramírez.
Riesgos “invisibles”
La especialista añadió que, aunque suelen asociarse con un período de descanso, las vacaciones también pueden aumentar la exposición de niños, niñas y adolescentes a riesgos poco visibles.
Uno de ellos es la limitada supervisión adulta. Muchas familias continúan trabajando durante este período, por lo que las personas menores de edad permanecen varias horas solas o bajo el cuidado de personas que no necesariamente conocen en profundidad sus necesidades emocionales o su comportamiento habitual.
A esto se suma el incremento del tiempo frente a pantallas. Ramírez comentó que el mayor uso de teléfonos celulares, videojuegos e internet puede facilitar la exposición a situaciones como el ciberacoso, el contacto con personas desconocidas o el consumo de contenidos inadecuados para su edad, especialmente cuando no existe acompañamiento adulto.
Otro elemento relevante es la ausencia o disminución de rutinas que provoca la época de vacaciones. En este sentido, la falta de actividades estructuradas puede derivar en largos períodos de ocio, lo que incrementa el tiempo de exposición a entornos digitales y limita los espacios de interacción familiar.
“Muchas veces estos riesgos no son evidentes. Si no enseñamos a niños, niñas y adolescentes cuáles son esos peligros y no acompañamos el uso de internet, difícilmente podremos prevenir situaciones que comienzan de manera aparentemente inofensiva”, señaló Ramírez.
Conductas que pueden convertirse en señales de alerta
La coordinadora del programa Especializado SOS Niñez de Aldeas Infantiles SOS, también explicó que, desde la psicología, muchas dificultades emocionales que tienen los niños, niñas y adolescentes no se expresan mediante palabras, sino a través del comportamiento. Por ello, la especialista recomendó prestar atención a cambios que resulten poco habituales en cada niño, niña o adolescente durante esta época.
Entre las principales señales de alerta que destacó Ramírez, están:
aislamiento marcado o disminución del interés por interactuar con la familia;
pérdida de interés en actividades que anteriormente disfrutaba;
alteraciones en los patrones de sueño o alimentación;
irritabilidad constante o cambios significativos en el estado de ánimo.
Ramírez añadió que es importante comprender que estos comportamientos no necesariamente significan que exista una situación de riesgo, pero sí constituyen indicadores que ameritan una observación más cercana y una conversación abierta con las personas menores de edad.
“El comportamiento muchas veces comunica aquello que el niño, niña o adolescente todavía no puede expresar con palabras. Por eso es tan importante que las personas adultas aprendan a observar esos cambios y no los minimicen", afirmó la especialista de Aldeas Infantiles SOS.
Un tiempo para fortalecer factores de protección
Ramírez también enfatizó que aprovechar las vacaciones no solo significa organizar actividades costosas o llenar cada día de entretenimiento. Sino que, lo verdaderamente importante es generar tiempo de calidad que fortalezca la confianza y la comunicación entre dentro del hogar.
“Compartir una comida, cocinar juntos, salir a caminar, conversar o realizar actividades acordes con los intereses de cada niño, niña o adolescente contribuye a construir vínculos protectores que permanecen más allá del período vacacional”, afirmó Ramírez.
Añadió que, asimismo, mantener horarios razonables de descanso, establecer rutinas básicas y acompañar el uso de dispositivos electrónicos ayuda a conservar una estructura que favorece el bienestar emocional de las personas menores de edad. Ello porque estos espacios cotidianos permiten que niños, niñas y adolescentes encuentren un entorno seguro para expresar preocupaciones, emociones o situaciones que podrían estar enfrentando desde hace semanas o incluso meses.
¿Qué hacer cuando se identifica una señal de alerta?
La especialista comentó que cuando una madre, padre o persona cuidadora detecta cambios importantes en el comportamiento de los niños o adolescentes, la primera recomendación es escuchar con calma y evitar emitir juicios apresurados. Agregó que crear un espacio de confianza facilita que las personas menores de edad expresen aquello que les preocupa y fortalece la posibilidad de intervenir oportunamente.
Añadió, eso sí, que si las conductas persisten o generan preocupación, también es recomendable buscar orientación profesional mediante servicios de psicología, en los centros educativos, servicios de salud o las redes comunitarias disponibles en cada localidad.
“Proteger a niños, niñas y adolescentes no depende únicamente de reaccionar cuando ya existe un problema. La protección comienza cuando observamos, escuchamos y fortalecemos cada día esas relaciones seguras que les permiten saber que siempre habrá una persona adulta disponible para acompañarlos”, concluyó la coordinadora del Programa Especializado SOS Niñez de Aldeas Infantiles SOS.