En el Día Mundial del Parkinson, que se conmemora este sábado 11 de abril, es fundamental reforzar un mensaje clave: Hablar de Parkinson es esencial para romper mitos, promover el diagnóstico oportuno y mejorar la calidad de vida de quienes lo padecen. Con el tratamiento adecuado y acompañamiento, las personas pueden mantener su independencia por muchos años.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), en su más reciente actualización sobre la enfermedad (2023), basada en estimaciones globales de 2019, más de 8,5 millones de personas viven con Parkinson en el mundo, y su prevalencia se ha duplicado en los últimos 25 años, lo que evidencia el creciente impacto de esta condición como desafío de salud pública.
Para este 2026, la conmemoración pone especial énfasis en la necesidad de cerrar las brechas en la atención médica, un desafío clave para mejorar el acceso a diagnóstico, tratamiento y acompañamiento integral de los pacientes.
El Parkinson es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente después del Alzheimer y, aunque suele asociarse con personas adultas mayores, también puede presentarse en edades más tempranas.
Esta condición se caracteriza por síntomas como temblores, rigidez muscular, lentitud en los movimientos y alteraciones en el equilibrio. Además, puede incluir manifestaciones no motoras como depresión, ansiedad, trastornos del sueño y cambios cognitivos, lo que refuerza la necesidad de un abordaje integral.
Aunque actualmente no existe una cura, los tratamientos disponibles, como la estimulación cerebral profunda, permiten controlar los síntomas y mejorar significativamente la calidad de vida. En este contexto, el diagnóstico temprano y el acompañamiento médico, emocional y familiar resultan determinantes.
Visibilizar el Parkinson es clave para avanzar hacia una sociedad más informada, solidaria y preparada.